jueves, octubre 11, 2007

Señal

Son cuatro gatos en el pueblo. Durante el día engordan cerdos o riegan los olivos, toman el fresco, duermen la siesta y juegan al mus entre carajillos. La verdad, no hacen mucho más que esperar y discutir del tiempo. En invierno hace frío; en verano, calor; por lo demás, templadito.

La gente que va de la mancha a Andalucía, pasa de largo. Lo mismo que las ondas electromagnéticas, que sobrevuelan en su parábola sin enterarse del pueblo, encajado entre dos lomas. Por eso, aquí no hay fútbol ni suenan los móviles.

Esto es una estampa en presente continuo, pero ahora toca un cambio de tiempo verbal.

Nadie sabe bien cómo ni cuándo pero fueron ganando adeptos dos facciones, una, conservadora y costumbrista, partidaria de dejar las cosas como estaban, y la otra, liberal e innovadora, invocando "la necesidad acuciante de estar incertos en este mundo global" (dicen que el speech se los sopló Benito, el nieto de doña Carmen que vive en la ciudad, pero poco importa ya).

El hecho es que ambos bandos no amainaron en sus tesis y hasta las partidas de mus tenían una tensión desconocida hasta entonces. Así pues, la alcaldesa, en un rapto de estadista, decidió zanjar el asunto y convocó a un referéndum: Sí o No a la antena repetidora de la señal telefónica (con el fútbol no había remedio: poco mercado).

En la campaña electoral, partidarios del No hablaron de cáncer, de invasión, de "nos conocemos todos" e intentaron hacer ver lo fea que se vería la montaña con ese "bicho de acero". Los del Sí, representados por Paco Almunia, más pragmáticos, fueron directo al grano: "podremos hablar con la familia que casi no viene, llamar una grúa o pedir una ambulancia -aquí miró al pelotón de ancianas de la segunda fila-.

La jornada electoral se desarrolló con absoluta normalidad. Ganó el Sí y dos meses después la antena y un enorme cartel de Carrefour coronaban la cima de la loma.

Seis cerdos le costó a don Vicente la primera factura y siete la segunda y ni así logró ponerlo en hora. Doña Carmen recibe puntualmente cada viernes la llamada y el hijo de su nuera, Benito, que ya le reventó tres malvones y tarda demasiado en el baño. A Anselmo le dio un desmayo cuando le vibró el aparato y cayó redondo en la panadería, suerte que estaba Vilches (había hecho causa por el No) y pidió una ambulancia. Cuando bajaban a la ciudad chocaron de frente con la grúa que había llamado Almunia para arrancar la furgoneta. No sobrevivió nadie y la furgoneta sigue sin batería.

martes, mayo 15, 2007

Apoyo

Soñé que llegaba a cenar a casa de unos amigos. Entro, voy saludando con cabeceos y me siento en el sillón. Me giro y a un lado, Rusell Crowe: Hombre, Rusell... la verdad, tengo que felicitarte por tu compromiso y tu coherencia con los temas humanistas, de reivindicación social, casi revolucionarios... nada que ver con otros actores que hacen un papel de defensores de algo para quedar bien y después no paran de hacer películas de mierda... en cambio Crowe, con convicción, ahí, siempre en la línea... te respeto mucho, Rusell.

Rusell no se lo esperaba y se emocionó.

Hála, machote, sigue así.

miércoles, abril 04, 2007

Vergüenza debería de dar

Ese ser que se hace llamar mi madre pone el tema sobre la mesa cada vez que alguno de sus congéneres está por salir de viaje. La frase no es esta pero podría: dame tu número de cuenta y la clave, así lo adjunto al archivo familiar (donde constan dichos datos)... porque uno nunca sabe lo que puede pasar, y si pasa, no le vamos a regalar el dinero al banco.

Desde las vacaciones últimas habíamos hablado de muchos temas, de cátaros y dvd's, de fútbol y petróleo, de fraudes y de Cortázar, de defectos congénitos y estática, de impuestos y carreras de caballos; pero de dinero, del mío, nunca.

Vísperas de semana santa y otra vez la misma historia. Al final, en un rodeo para no darle el gusto, esgrimo una teoría impecable mezclando propiedad y jurisprudencia, dos sustantivos que no sé qué significan. Le digo con absoluta seguridad que, en el caso de que alguien estire su pata equis día, y ese mismo día conste una transferencia que limpia la cuenta del difunto, estaríamos como mínimo ante un hecho investigable; indicios claros de delito, homicidio y robo, y que el banco, en todo su derecho, podría reclamar la restitución del dinero que hasta ese día había guardado con tanto mimo. Añadí que debería ir al banco y hacer las cosas como deben hacerse, que seguro habrá alguna, si es que tanto le interesa el tema.

Al día siguiente va, y sin que le tiemblen los mocos, le suelta al noble bancario: mire, quería averiguar cómo se hace en el caso de que alguien sufriera un accidente... y bueno, usted comprenderá, para retirar el dinero... me da no se qué hablar de estos temas... de hecho yo no quería venir, pero mis hijos me obligaron....

Y punto pelota.

lunes, febrero 26, 2007

Los sospechosos de siempre

Otra vez los buenos planos, los movimientos sugerentes de cámara, el buen gusto estético. Otra vez las pausas desoladas, los arrebatos estridentes, las ambientaciones de colorete.

Otra vez González Iñárritu hace gala de su estudiado y pulido talento escénico para mostrarnos su Babel, otra vez el director cautiva en la forma mientras, según dice, "muestra al ser humano", mientras, y esto no lo dice, categoriza seres humanos.

Otra vez el hombre de la élite cinematográfica mexicana, y de la élite mexicana, pone su cintura narrativa al servicio de moralinas y prejuicios de castas pretendidamente divinas para arrojar sus sentencias pueriles sobre los culpables de siempre, y algunos nuevos. Y otra vez lo hace desde su escondite de historias partidas, para que las cosas transcurran en una casualidad aparente mientras por detrás redundan en causalidad, víctimas y victimarios.

En Babel, Iñárritu desenpolva por tercera vez (¿habrá una cuarta?) su manual de historias paralelas conectadas en un punto, como en Amores Perros, como en 21 Gramos, para hacer otra película igualmente guiada por el error=castigo merecido.

No es de extrañar pues que Hollywood haya reclutado urgente a Iñárritu tras ver Amores Perros (y le haya encargado una igualita pero versión yankee-21 Gramos), puesto que el chilango le pone arte de prestidigitador a mensajes simples y lineales, tan mimados por los estudios al norte del río bravo.

La fórmula vuelve a ser delesnable: clases altas y bajas se cruzan en un punto, fatídico para los primeros, causado por los segundos; sufren los primeros, se castiga a los segundos.

Los guiños, igual de mediocres. Dos niños juegan con un arma a disparar y la cagan, entonces ya no son niños, son niños árabes que portan un rifle dado por un padre irresponsable, que hieren a una ciudadana americana, rubia y casada, de turismo en un país exótico e incivilizado que empuja la agonía al borde de la muerte.

Los hijos de ella y Pitt (rubios y adorables), cuidados por una nana que se va en amores hacia ellos. Hasta que la nana, ilegal y mexicana, no puede faltar a la boda de su hijo y decide llevarse a los niños a Tijuana. La aventura termina con un sobrino borracho (Gael García) a los mandos de un cascajo, escapando de la policía ni bien re-entrar en América, nana y niños barados en el desierto; ella, detenida y deportada, ellos a salvo. Otra vez la imprudencia tan propia de una clase, castigo merecido.

No es muy distinto lo que pasa en 21 Gramos. Un latino destroza la vida de una familia americana de barrio residencial, niñas adorables, esposo empresario; y un ex convicto que encuentra redención vengando a la viuda inconsolable. En Amores Perros, la precursora de la zaga, la moral defendida es la santa familia, y quienes atentan contra ella (Gael García pretendiendo la esposa de su hermano y la modelo, amante del hombre casado) se unen en el punto fatídico de castigo, dibujado esta vez como accidente brutal, que deja a uno sin nada y a la otra paralítica. El tercer protagonista, el mendigo trapichero que años atrás abandonó a su hija, finalmente se redime entregándole a ella su fortuna indigna y desapareciendo sin molestar.

En los mundos de Iñárritu, la gente no vive simplemente, se está de un lado o de otro, siempre del mismo lado.