Análisis completo de la partida
El otro día, mientras hacía un trámite, acudió a mí una pregunta esclarecedora: ¿para qué sirve la partida de nacimiento?
La pregunta resulta evidente si aplicamos un proceso de razonamiento bastante simple. Veamos.
Cada uno de los documentos con los que nos van empapelando la vida posee una serie de datos directamente relacionados a la funcionalidad del documento. El DNI dice que este señor, con esta cara de dormido, se llama Juan Carlos, nació tal día, le asignamos este número, le guste o no, y sirve para identificarlo de ahí en más.
El pasaporte dice que el de la cara de dormido (ahora con corbata) sigue siendo Juan Carlos, pero habilitado para identificarse a nivel internacional. El carnet de conducir acredita que tal o cual pasó un examen de conducción, o lo compró; el del videoclub le dice a sus dueños que puede confiar en nosotros y dejarnos llevar sus películas, la tarjeta de crédito informa al comerciante de la imposibilidad de ciertos individuos a asumir sus deudas; y el bucodental, que alguna vez no tuvimos caries. Y así, cada uno de los documentos que portamos, atiende una demanda trascendental.
Pero no es el caso de la partida de nacimiento. Básicamente, se trata de una fotocopia borrosa, con sellos ilegibles y firmas de gente que tal vez hoy tenga una panadería, cuyo dato revelador es que yo nací. Una prueba súmamente precaria para cualquier oficina pública al lado de yo en persona, y que en todo caso adquiere credibilidad acompañada por mí.
Por lo tanto, la importancia capital de esta papeleta debe estar en los otros datos. Dudo que sean los nombres de mis padres, porque los hubieran citado a ellos. Descartamos también el nombre del funcionario, puesto que hoy regentea su panadería, y eliminamos al médico que ofició el parto, que su única prueba sigo siendo yo.
Pues bien, sólo nos quedan dos opciones. El número de acta (246), para jugarlo a la quiniela, y la hora de nacimiento (1.55), para mi carta astral.
La pregunta resulta evidente si aplicamos un proceso de razonamiento bastante simple. Veamos.
Cada uno de los documentos con los que nos van empapelando la vida posee una serie de datos directamente relacionados a la funcionalidad del documento. El DNI dice que este señor, con esta cara de dormido, se llama Juan Carlos, nació tal día, le asignamos este número, le guste o no, y sirve para identificarlo de ahí en más.
El pasaporte dice que el de la cara de dormido (ahora con corbata) sigue siendo Juan Carlos, pero habilitado para identificarse a nivel internacional. El carnet de conducir acredita que tal o cual pasó un examen de conducción, o lo compró; el del videoclub le dice a sus dueños que puede confiar en nosotros y dejarnos llevar sus películas, la tarjeta de crédito informa al comerciante de la imposibilidad de ciertos individuos a asumir sus deudas; y el bucodental, que alguna vez no tuvimos caries. Y así, cada uno de los documentos que portamos, atiende una demanda trascendental.
Pero no es el caso de la partida de nacimiento. Básicamente, se trata de una fotocopia borrosa, con sellos ilegibles y firmas de gente que tal vez hoy tenga una panadería, cuyo dato revelador es que yo nací. Una prueba súmamente precaria para cualquier oficina pública al lado de yo en persona, y que en todo caso adquiere credibilidad acompañada por mí.
Por lo tanto, la importancia capital de esta papeleta debe estar en los otros datos. Dudo que sean los nombres de mis padres, porque los hubieran citado a ellos. Descartamos también el nombre del funcionario, puesto que hoy regentea su panadería, y eliminamos al médico que ofició el parto, que su única prueba sigo siendo yo.
Pues bien, sólo nos quedan dos opciones. El número de acta (246), para jugarlo a la quiniela, y la hora de nacimiento (1.55), para mi carta astral.


7 Comments:
de lo más curioso de la partida de nacimiento, también es lo fácil de sacarla (en caso de pérdida o de mamá no sabe dónde). para todos los demás trámites hubo más trámites, más colas, más tongos y más problemas para conseguirlos.
pero no para la partida. vas al lugar, esperás común, decís lo correcto...y taca ... ahí está la fotocopia.
feliz nacimiento!
Una respuesta prosaica: sirve para poder sacar todos los otros documentos. Sin partida de nacimiento no hay ni DNI, ni pasaporte. Es la prueba de que hay un ser humano más en la tierra (o menos, en el caso de la partida de defunción, otro documento igual de determinante).
Yo una vez me quedé en Londres sin ningún documento gracias a un punguista más que habilidoso que consiguió distraerme con su elegancia. Me salvó de la inexistencia total la presencia de mi adorada madre en esa misma ciudad. Ella pudo certificar en el consulado argentino que no sólo yo existía sino que además era su hija.
Los otros usos que proponés también son válidos.
Hola. Soy Retroferran, llego a tu blog por Marcela, de Roma, y además de decirte que me gustó quisiera invitarte a visitar el mio, Anclaos en Europa (http://anclaos.blogspot.com), un rincón para compartir las experiencias de los argentinos que estamos viviendo en el exterior mas alla de las nostalgias, el tango o el dulce de leche.
Cada vez somos mas los anclaos.
Exitos!
Hola!
Yo también nací a la 1.55 (am , vos am o pm?)
que coincidencia!
Linda hora para venir al mundo...!
Saludos
valga señalar que lo mas importante de la partida, ademas de declarar que naciste y de la mezcla de que ovulo y que espermatozoide surgiste, señala DONDE exactamente fue que te desvaginaste. Este pequeño hecho señalara si seras un sudaca ilegal o un europeo como Dios manda.
Jaja Tal Cual!!!
Antes, en tiempo de nuestros abuelos, se inscribía a los hijos cuando se podía, por tanto las cosas eran aún peores: fecha de nacimiento falsa, nombres cambiados (conozco casos en que el padre olvidó el nombre que habían elejido para el hijo y cuando llegó al registro puso cualquier otro), etc...
Saludos!
Pero cuando vas a hacerte el Pasaporte, te piden fotocopia de esa partida que solo dice q nacimos en tal lugar de Argentina.
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